Fotógrafo: Jan Saudek

Publicado el 15 agosto 2026

Hay un póster que me sigue de apartamento en apartamento desde siempre. Es una foto de Jan Saudek. Lo descubrí muy joven, en una exposición en París; el impacto fue inmediato y me acompaña desde entonces. Así que por fin me lanzo a algo que llevo años posponiendo: retomar una serie de artículos sobre los fotógrafos que amo, y por supuesto empiezo por él.

Saudek nació en Praga en 1935, junto a su hermano gemelo Kája. Madre checa, padre judío. Gran parte de la familia murió en el campo de Theresienstadt, y los dos niños terminaron la guerra internados en un campo para niños cerca de la actual frontera polaca. Tenían diez años. Probablemente no se entienden sus fotos sin saber todo esto (yo había leído los paneles explicativos de la expo en su momento, así que tenía todo el contexto).

Después de la guerra se convirtió en obrero de imprenta, con una primera cámara recibida en 1950, una pequeña Kodak Baby Brownie. Luego, en 1963, se topó con el catálogo de The Family of Man, la exposición de Edward Steichen, y ahí saltó la chispa. La fotografía sería su vida. El régimen comunista, por su parte, pese a cierta apertura artística, le obligó a esconder gran parte de sus desnudos.

Casi toda su obra se hizo por tanto a escondidas, en un sótano de Praga, con la policía rondando cerca. El decorado casi nunca cambia. Una pared desconchada, una ventana. Y ante esa pared pasan cuerpos desnudos, mujeres voluptuosas, bebés, ancianos, el deseo, el tiempo haciendo su trabajo. Después colorea sus copias en blanco y negro a mano, una por una, lo que da a sus imágenes ese aire de vieja postal erótica que se reconoce al instante.

Occidente y sus libertades acabaron fijándose en él a finales de los 70, un primer libro salió en inglés en 1983, y ahí lo tenemos convertido en el fotógrafo checo más famoso del mundo. Su gemelo Kája, monumento del cómic local, murió en 2015. Jan sigue aquí a sus 91 años, y sigue exponiendo.

Así que sí, se puede encontrar kitsch, perturbador, demasiado frontal, y entiendo bastante bien que alguien cierre el libro. Yo a veces encuentro ternura y crueldad en la misma toma, la vida entera desde el nacimiento hasta la decrepitud, sin trampa ni moralina. Ninguna otra fotografía me produce ese efecto.

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Por Paingout

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