¿Cómo sobrevivir en Twitter?

Publicado el 8 noviembre 2020

Hay tres posturas posibles frente a Twitter:

  • La primera postura posible es tenerle miedo y no poner los pies ahí, lo cual, honestamente, es de entrada lo mejor que se puede hacer.
  • La segunda es ser curioso, haberlo probado ya y haberlo dejado rápido ante la avalancha de negatividad, de peleas digitales, de racismo y sexismo que invaden esta red a diario.
  • Por último, la tercera posibilidad es que seas un(a) Warrior, siempre conectado(a), sobreviviendo en medio de las fake news y los insultos, cual mascarilla FFP2 frente a un covidado de campeonato.

La cuarta opción no existe realmente… Ya sabes, esa gente que está en un Twitter «tranquilo y relajado»: es mentira. ¡No existe una burbuja de Twitter reposada y benévola! Aunque solo sigas cuentas de amantes de las plantas y los gatitos, acabarás llevándote un follón en la cara, créeme.

Pero entonces ¿qué hacemos si aun así queremos pasar un poco de tiempo ahí?

Pues nos aplicamos algunas reglas, que te voy a enumerar a continuación. ¡Créeme, pueden ayudar!

  • Intentamos seguir a pocas cuentas.

Es probablemente el consejo más importante. Intenta seguir a menos de 50 personas, 100 como máximo, por encima es de verdad un disparate y se convierte rápido en una mezcolanza indigesta. No porque veas pasar un buen tuit o un buen chiste de una cuenta desconocida tienes que seguirla directamente. O si acaso síguela unos días y acuérdate de dejar de seguirla si finalmente tiene poco interés.

En todos los casos, menos seguidos = menos residuos potenciales.

  • No dudamos en dejar de seguir.

En cuanto una cuenta es menos interesante, o se vuelve inactiva, dejamos de seguirla, punto y final. ¡Los tuiteros no son pokémons que se coleccionan!

  • Sigue más bien a gente que ya has conocido.

Como en Facebook, evita meterte en líos con perfectos desconocidos. Tanto más porque cuando uno de tus contactos cercanos dice una tontería, tienes un poco más de contexto, su trasfondo, sus ideas, y así evitarás alterarte inútilmente.

  • No seguimos las cuentas ansiógenas.

Típicamente evitamos las cuentas de actualidad que hacen sensacionalismo, o las personalidades políticas angustiantes. Priorizamos las cuentas de medios fiables y apolíticos y excluimos las cuentas demasiado comprometidas o con mala reputación.

  • Nos quedamos en privado si somos frágiles.

Si publicas mucho pero tienes un poco de miedo de que te den por saco, pon tu cuenta en privado, evitará que tus tuits acaben en malas manos tras un RT desafortunado.

  • Priorizamos el anonimato.

Sobre todo si tienes un trabajo sensible. Publicar con tu nombre propio no tiene mucho interés, salvo evidentemente si te es útil para el trabajo, pero en ese caso ¡ten cuidado con lo que cuentas!

  • Reflexionamos 3 minutos antes de dar nuestra opinión.

Algo sé de eso, con perspectiva creo que el 90 % de mis tuits no tienen NINGÚN interés. Entonces ¿por qué correr riesgos tuiteando cosas inútiles? Y francamente, nos da un poco igual tu opinión científica sobre la propagación del Covid cuando has hecho un Bachillerato de Letras.

  • Evitamos intercambiar con cuentas que no seguimos.

Pues sí, porque cuando no conoces para nada a la persona que te responde, cuando tienes cero contexto y ninguna información sobre ella, es francamente un terreno muy pantanoso que puede acabar muy mal. Como mínimo, antes de responder, ve a ver el feed de la persona, si es un horrible nazi, no pierdas el tiempo y bloquéalo directamente (ya volveremos sobre ello).

  • No hacemos RT de un artículo del que solo hemos leído el título.

Si haces eso, eres un(a) idiota, lo siento.

  • No hacemos RT de una cuenta desconocida.

Volvemos al ejemplo de más arriba. Si una cuenta tuitea «adoro los gatitos», la retuiteas, y al subir por su feed te das cuenta de que es un activista zoófilo, ¡vas a pasar tú mismo por un(a) chalado(a)!

  • Borramos con regularidad nuestros tuits antiguos.

Porque si un día alguien te busca las cosquillas, no dudará en buscar lo que pudiste contar hace 8 años y que has olvidado por completo. Personalmente ahora solo dejo unos treinta días de tuits antiguos en línea.

  • No citamos los tuits de la gente para humillarla o buscar bronca.

Es mi pareja quien me impuso esto, y tiene razón. ¿No estamos de acuerdo con alguien? Es inútil humillarlo. Y si su tuit es una guarrada, ¿de qué sirve enseñárselo a todo el mundo? Al contrario, le das visibilidad. Así que si de verdad quieres responderle, pues respóndele, pero no lo menciones.

  • No participamos en los linchamientos.

Porque el acoso en línea es una plaga. Si entre tus seguidos hay gente que participa en linchamientos, pues deja de seguirla y bloquéala, porque significa que no dudarán nunca en acosarte a ti mismo.

  • Limitamos nuestro tiempo de conexión.

Sí, porque ser adicto a Twitter seguramente te quita tanta esperanza de vida como el crack, créeme.

  • Admitimos nuestros errores.

Pues sí, ya sé que es complicado, pero si has dicho una gran tontería, y te das cuenta, ¡admítelo! No te matará, créeme.

  • Damos nuestras fuentes.

¿Te apetece presumir de tu sabiduría? Por qué no, pero si sueltas informaciones o cifras un poco oscuras, ¡da también tus fuentes! Te evitará pasar por un generador de informaciones falsas.

  • Nos relajamos.

No insultamos a la gente, no la difamamos, evitamos ser vulgares, no nos alteramos, respiramos (todo lo contrario que yo, pues).

  • Bloqueamos a la vista.

Francamente si una cuenta te irrita, aunque no te haya dirigido la palabra, ¡la bloqueamos DI-REC-TA-MEN-TE! ¿Una web de actualidad te estresa? ¡Bloquéala! ¿Un político? ¿Lo mismo? ¿Un desconocido te responde mierda? BLOQUÉAAAAAALO sin ni siquiera responder. También puedes bloquear preventivamente a la gente que no te gusta, aunque no hayas tenido ninguna interacción con ella en Twitter.

AHÍ ESTÁ. Seguramente hay un montón de cosas más que hacer para sanear tu Twitter, ¡si tienes ideas, los comentarios están abiertos!

Crédito de la foto: DR

Por Paingout

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